Blog del Servicio de Prevención del Fraude

Asociación Nacional de Establecimientos Financieros de Crédito (ASNEF)





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miércoles, 3 de julio de 2013

EL CONOCIMIENTO DEL CLIENTE Y LA PREVENCIÓN DEL FRAUDE




Sólo cuando el cliente esté perfectamente identificado, es cuando se le podrán aplicar las restantes medidas de diligencia debida, necesarias para su conocimiento.

La prevención del blanqueo de capitales y de la financiación del terrorismo  (PBCyFT) ofrece, para el conocimiento de los clientes, un procedimiento que tiene aceptación internacional, y que, además, está siendo implantado en numerosas legislaciones nacionales. Lo que está permitiendo una cierta homogeneización en los procesos, dentro de la actividad financiera.

Estudiaremos el conocimiento de los clientes desde la perspectiva de la prevención del fraude; es decir, desde el interés del negocio, aunque este conocimiento también resulte determinante para el cumplimiento de algunas obligaciones legales y administrativas.

Según el procedimiento PBCyFT, el conocimiento de los clientes tiene tres vertientes, que considero resultan válidas para la prevención del fraude, y por ende, para el negocio:



En temas anteriores hemos analizado la importancia que, para la prevención del fraude, tiene la identificación formal y la del titular real, ésta última en determinados supuestos.

También se argumentó que, por razones de especialización, su control operativo debería quedar bajo la responsabilidad del Departamento de Prevención del Fraude, perteneciente al área de control interno. Con todo, no podemos olvidar que la coordinación transversal en esta materia la realiza el OCI según la Ley de 10/2010. Ambas posiciones son compatibles si el Servicio de Prevención del Fraude depende funcionalmente del OCI en esta materia específica,  con lo que quedarían cubiertas y sin duplicidades, las áreas del negocio y  de prevención del blanqueo de capitales y de la financiación del terrorismo.

A continuación se estudiarán las restantes medidas necesarias para el conocimiento de los clientes, pero desde la óptica del negocio y de la prevención del fraude, lo que permitirá ofrecer una visión más global que si se hiciera, exclusivamente, desde la prevención del blanqueo de capitales y de la financiación del terrorismo.

Esto tiene sentido porque en el proceso de conocimiento de los clientes participan todos los departamentos de la empresa, aunque se utilice para ello el procedimiento de PBCyFT, bajo el criterio de que estas medidas se utilizarán para la mejora del funcionamiento de la organización, aunque sirvan también para el cumplimiento de la legislación de PBCyFT.


CONOCIMIENTO DEL PROPÓSITO E ÍNDOLE DE LA RELACIÓN DE NEGOCIOS

Cuando una persona física o jurídica intenta establecer una relación de negocio con una entidad financiera, o ejecutar alguna operación a través de la misma, además de identificarse, deberá aportar aquellos datos y documentos  que son necesarios para evitar determinados riesgos normativos, de negocio y/o reputacionales.

Los datos y documentos que se le exigirán,  dependerán del riesgo que tenga su “tipo de cliente”,  de la modalidad de negocio que pretende establecer, o de la operación que  quiere realizar, por lo que, previamente, la entidad habrá tenido que programar y ejecutar internamente los siguientes trabajos de investigación:
  1. Modelar la segmentación de los clientes en base a unas determinadas características,  que vendrán definidas por los criterios de riesgo que tenga la empresa, y por otros   criterios de riesgo objetivo y normativo. Una vez traspasados los modelos a las aplicaciones tecnológicas, el futuro cliente, durante el proceso de solicitud, será incluido automáticamente en alguno de los grupos de riesgo que estén previamente determinados.
  2. Clasificar todos los productos y servicios teniendo en cuenta los criterios de riesgo de la empresa, y además, los criterios de riesgo de cada servicio y producto, según la experiencia interna y externa,  o las normativas nacionales o internacionales.


Sabemos que los procesos internos de las empresas financieras están interrelacionados, y por ello, lo han de estar también los profesionales que deben llevarlos a cabo. De ahí la necesidad de formación del personal para la comprensión global de la  organización, aunque cada profesional termine especializándose en una materia específica.

Los trabajos para la segmentación de clientes, bienes y servicios,  son ejemplo de la necesaria interrelación interna. Cuando ésta falla, se propicia la creación de compartimentos estanco dentro de las empresas, cada uno con su propia tecnología y misterio, lo que ocasiona desorganización y costes innecesarios, puesto que al no existir una comprensión global de los procesos,  se terminan generando inseguridades operativas que cada departamento pretenderá solventar mediante soluciones tecnológicas propias, que muchas veces se compran al margen de las necesidades reales de las empresas.

Esta forma de proceder provoca duplicidades en los procesos, que finalmente tienen que ser eliminadas  por los departamentos de informática, quedando entonces en evidencia para la alta dirección, la descoordinación existente y los costes que ocasiona.

Tras la eliminación de las duplicidades, ciertas aplicaciones tecnológicas que se compraron sin control quedan sobredimensionadas, con el consiguiente despilfarro económico. Esta situación se evitaría si los procesos  estuviesen interrelacionados transversalmente, y existiera  una fácil comunicación entre los profesionales que han de llevarlos a cabo.

Para la medida de diligencia debida relativa al conocimiento del propósito e índole de la relación de negocios, las empresas habrán de crear una matriz de trabajo, con la definición de los tipos de clientes en función del riesgo, y con los productos y servicios que comercializan, con la determinación, en cada uno de ellos, de sus riesgos económicos y normativos.

Este trabajo lo coordinarán las  Áreas de Control Interno, con la colaboración en sus respectivas materias, de las restantes áreas y departamentos, normativos y legales.

Se irá construyendo así un mapa general de riesgos, por clientes y productos, que estará compuesto por diferentes capas:
  • Mapa de riesgos financieros
  • Mapa de riesgos de prevención del blanqueo de capitales
  • Mapa de Riesgos de Fraude
  • Mapa de Riesgos FATCA
  •  ETC.


Para la confección de cada capa o mapa particular,  deberá planificarse el correspondiente trabajo de campo, en el que participarán los departamentos que estén relacionados con los riesgos específicos a estudiar, vg.: finanzas, desarrollo del producto, operaciones, recursos humanos, TI/sistemas, servicio al cliente, marketing, ventas y cumplimiento.


NA (Riesgo normativo A);  OA (Otro riesgo A)


MODELO SIMPLIFICADO:

Los riesgos de fraude constituyen sólo una de las capas del mapa general de riesgos. Sabemos que en el conocimiento de los clientes, los riesgos de fraude están íntimamente relacionados con los riesgos de cumplimiento BCyFT, por lo que utilizaremos un modelo simplificado basado en la prevención del blanqueo de capitales y de la financiación del terrorismo, puesto que en este modelo se integra perfectamente el departamento de prevención del fraude bajo la coordinación del Órgano de Control Interno (OCI).

En nuestro modelo, será el OCI auxiliado por  su equipo asesor, el que establezca  la matriz de riesgo de Prevención del Blanqueo de Capitales y de Financiación del Terrorismo-Fraude (BCyFT-FRAUDE), teniendo en cuenta las diferentes variables de riesgo relativas a clientes, productos y servicios.

Para poder crear la matriz, se identificarán por el OCI los departamentos que quedan  afectados por los riesgos definidos, (departamentos comerciales, productivos y organizativos), delimitando para cada uno de ellos sus correspondientes riesgos BCyFT-FRAUDE, (por clientes, productos y servicios) y posteriormente, con la participación activa de los propios departamentos afectados,  se confeccionarán los procedimientos necesarios para el control de estos riesgos.

Este es un proceso que necesita de un equipo que se encargue del trabajo de campo, en el que participarán los Departamentos de Prevención del Blanqueo y  de Prevención del Fraude, junto con los representantes de los departamentos que estén afectados por los riesgos BCyFT- FRAUDE. De esta manera se profundizará  con realismo en la construcción de este mapa  específico de riesgos, correspondiente a la empresa.

Una vez establecido el mapa de riesgos BCyFT-FRAUDE, se trabajará junto con el Departamento de Seguridad Informática, en la incorporación de los factores de riesgo en todas aquellas aplicaciones tecnológicas que puedan verse afectadas, con el fin de que generen las alertas,  y que éstas lleguen  a las aplicaciones tecnológica de los departamentos de riesgos afectados  vg.:  las alertas de BCyFC llegarán al departamento de prevención del blanqueo de capitales, las de fraude de identidad y otros fraudes al departamento de prevención del fraude, y las de fraude tecnológico al departamento de seguridad informática.

Los departamentos que deben coordinarse para trasponer a los sistemas tecnológicos los factores de riesgo BCyFT-FRAUDE, son los siguientes:
  • El Departamento de prevención del blanqueo, controlará  los riesgos específicos de blanqueo de capitales y de financiación del terrorismo, a excepción de la identificación formal de los clientes.
  • El Departamento de Seguridad Informática, controlará los riesgos de fraude tecnológico, que tengan que ver con los clientes y productos.
  • El Departamento de Prevención del Fraude,  controlará aquellos riesgos-cliente y riesgos producto-servicio que tengan que ver con  la identificación formal de los clientes y la titularidad real de los mismos y, otros riesgos de fraude no tecnológico.



CONCRECIÓN OPERATIVA DEL MODELO

Identificados los riesgos BCyFT-FRAUDE mediante el proceso referenciado arriba, se trasladarán a los clientes, productos y servicios de la empresa, con el fin de que los clientes queden segmentados de forma automática, atendiendo al tipo de riesgo que les corresponda, y a los servicios o productos que tengan contratados.

Esto se realizará filtrando  la información contenida en la base de datos de clientes, a través de las aplicaciones departamentales que controlan el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo, el fraude en general y el fraude de identidad, así como los fraudes tecnológicos.

Como resultado de este filtraje,  los clientes quedarán segmentados, según su tipología de riesgo, o según el riesgo del negocio u operaciones contratadas, en:
  1. Clientes con un tipo de riesgo normal, de riesgo simplificado y de riesgo reforzado (CN, CS, CR), a los que se le aplicarán, respectivamente, medidas de diligencia debida, normales, simplificadas o reforzadas.
  2. Clientes con productos y servicios de riesgo normal, de riesgo simplificado y de riesgo reforzado (PN, PS, PR), a los que se aplicarán, respectivamente, medidas de diligencia debida, normales, simplificadas o reforzadas.


Previamente, a través del OCI se habrán definido y documentado los procedimientos (medidas) de diligencia debida que correspondan a cada uno de los grupos de riesgo, tanto de clientes como de productos y servicios:
  • Medidas Normales de Diligencia Debida
  • Medidas Simplificadas de Diligencia Debida
  • Medidas Reforzadas de Diligencia Debida




Si analizamos la Ley 10/2010, o las explicaciones del borrador de Reglamento que están circulando, las medidas de Diligencia Debida básicamente tienen que ver con la calidad y cantidad de información necesaria para controlar cada tipo de riesgo, por lo que las diferentes medidas (procedimientos) de diligencia debida se tendrán que definir y documentar, conjugando aquellos criterios de riesgo que quiera asumir la entidad (criterios subjetivos), y  los criterios objetivos de riesgo PByFT-FRAUDE.

En la prevención del blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo, los criterios objetivos serán los que aparecen en la Ley y los que aparecerán en el nuevo Reglamento, en relación con los diferentes tipos de clientes,  y con las modalidades de productos y operaciones que esté comercializando la empresa. Para cada riesgo así definido, habrá que determinar la información necesaria para su control.

Esto mismo se hará para la determinación de los criterios objetivos de prevención del fraude tradicional o tecnológico, en base a la experiencia, y a la abundante información que puede ser encontrada en diversas fuentes públicas y privadas.

Resulta comprensible, que en empresas con funcionamiento complejo, para  el control de los riesgos BCyFT-FRAUDE exista la tecnología necesaria que permita discriminar de forma automática a los clientes, productos y servicios, y que además, gestione de forma eficaz las alertas de blanqueo de capitales y de financiación del terrorismo, o aquellas alertas que tienen su origen en una falta de correspondencia ostensible con la naturaleza, volumen de actividad o antecedentes operativos de los clientes, o en las que no se aprecie justificación económica, profesional o de negocio, y que podrían dar lugar a blanqueo o a fraude.

Aunque la PBCyFT y la Prevención del FRAUDE son actividades independientes, el análisis de ambos fenómenos está interrelacionado como puede apreciarse en el Art. 18 de la Ley 10/2010.


RESULTADO DEL PROCESO

El conocimiento del propósito e índole de la relación de negocios será el resultado del análisis de la información introducida en la base de datos de clientes en el momento de la solicitud de negocio, junto con la documentación justificativa  aportada por ellos,  así como de la información ampliada posteriormente por la empresa, en fuentes propias o externas.

En el modelo simplificado BCyFT-FRAUDE, se han trabajando sólo los riesgos de blanqueo de capitales, financiación del terrorismo y fraude, pero existen otros riesgos de negocio, de cumplimiento y reputacionales, que estarán recogidos en sus correspondientes mapas de riesgo de una forma similar a la indicada. Estos riesgos serán también introducidos en los sistemas tecnológicos de las empresas para su debido control.

Por tanto, formarán parte del conocimiento del propósito e índole de la relación de negocios de los clientes los riesgos detectados, financieros, de fraude, de blanqueo de capitales, de  terrorismo, de sobreendeudamiento, Fatca, etc.,  lo que permitirá establecer para cada cliente y de forma automática, un determinado perfil de riesgos. Este perfil colocará a cada cliente dentro de un grupo de riesgo concreto, facilitando así que el comercial pueda exigirle  una determinada información y documentación justificativa.

La documentación concreta que será solicitada a cada cliente por el “front office” de la empresa, que suele ser el departamento comercial, vendrá determinada de forma automatizada por el sistema de comercialización,  a partir de los datos de identidad del cliente, y de los productos y servicios que éste pretenda contratar.

Esta segmentación no es estática, y puede ir cambiando en el tiempo, obligando a las entidades a recabar nueva información y documentación justificativa, normalmente a través de los mismos comerciales con los que contrataron.


LA SEGMENTACIÓN DE LOS CLIENTES

Para que pueda el sistema tecnológico automatizar la segmentación de los clientes,  deberá ser programado previamente con la información contenida en los mapas de riesgos, que como vimos, se definieron como resultado de los trabajos de investigación y de campo,  realizados por los profesionales pertenecientes a los  departamentos de control de riesgos, negocio y cumplimiento.

Como se ha indicado, la segmentación de los clientes no es  un proceso estático sino dinámico, por lo que su perfil de riesgo puede ir modificándose   en el tiempo, como resultado  de los análisis personalizados derivados de las alertas, de la verificación de los documentos aportados por los propios clientes y de las ampliaciones de información obtenida por los analistas en fuentes internas y externas.

También puede sufrir modificaciones esta segmentación, como veremos en el próximo capítulo, durante el seguimiento continuo de las relaciones de negocios. En esta concreta fase de control intervienen las plataformas tecnológicas de monitoreo de operaciones, que generarán alertas hacia los departamentos de control, obligándolos a hacer análisis especiales.

Resulta ahora claro, que el conocimiento de los clientes requiere del trabajo colaborativo de muchos departamentos y profesionales de la empresa, para la definición de los factores de riesgo y para  el control de los mismos. Pero habría que resaltar la importancia que tiene en ese conocimiento,  la primera información y documentación que se obtiene de los  clientes en el momento en que solicitan las relaciones de negocio u operaciones.

Esta es una información y documentación que ha de ser controlada por el “front office” de la empresa, que es el que atiende a los clientes utilizando el procedimiento comercial de seguridad que ya se ha explicado en capítulos anteriores,  y que puede resumirse en los siguientes puntos:
  1. Los comerciales ha de identificar formalmente a los clientes en base a documentos fehacientes no falsificados, comprobando en la documentación entregada por éstos, que los datos que introducen en el sistema se corresponden con los que aparecen en los documentos justificativos que reciben. (Identidad, firma, domicilio, etc.)
  2. Los comerciales procederán a exigir a los clientes aquellos datos y documentos que sean necesarios para la identificación del titular real, cuando por las características del negocio, por exigencias de cumplimiento o por interés reputacional, sea precisa esta identificación. Será el propio sistema el que estará programado para que el comercial requiera información o documentación con esta finalidad, a partir del proceso de alimentación del mismo.
  3. Durante el proceso de identificación formal de los clientes, el sistema tecnológico en el que opere la aplicación comercial, o la plataforma de análisis de riesgos financieros vinculado con aquella,  estarán conectados a alguna solución interna o  externa que permita la verificación de los documentos de identificación y la obtención de las copias de los mismos en soporte óptico, magnético o electrónico cuando sea preciso. Durante este proceso se filtrarán automáticamente los datos identificativos por las listas de exclusión.
  4. Los comerciales convertirán la documentación física en electrónica, e introducirán  ésta última en la aplicación tecnológica con el fin de que pueda ser utilizada como documentación justificativa de la información por otros departamentos de la empresa. Estos archivos podrán estar externalizados, si cuentan con la seguridad y confidencialidad necesarias.
  5. Seguidamente archivarán la documentación física con medidas de seguridad, hasta que reciban la orden de su destrucción o envío al Archivo General. A este fin, la empresa tendrá un protocolo de archivo provisional, que contenga las medidas de seguridad física para el archivo provisional, y la manera de identificar los expedientes físicos y virtuales para su rápida localización.



Con la información introducida en el sistema por el departamento comercial, se inicia la primera segmentación de los clientes en la Base de Datos, conforme  a los criterios de riesgo programados en el sistema.

Esta información puede producir alertas que llegarán a los  departamentos de control  que correspondan: prevención del blanqueo y de la financiación del terrorismo, prevención del fraude, análisis de riesgos financieros, u otros  departamentos de negocio o cumplimiento que hubiesen  introducido los factores de riesgo en el sistema. Los departamentos receptores   procederán a un análisis especializado.


En nuestro modelo, la aplicación comercial estará conectada a la plataforma de análisis de riesgos financieros que filtrará los datos por los factores de riesgo definidos en el sistema y por los repositorios internos y externos programados. Si no se produjera ninguna alerta, se iniciaría el proceso de análisis de riesgos financieros y la aprobación o denegación de la relación de negocio u operación.

Si se produjera alguna alerta, el proceso automático de análisis de riesgos financieros se paralizaría, enviando la alerta al departamento de control que hubiera introducido los factores de riesgo generadores de la misma, que procedería a un análisis especial, con resultado positivo o negativo.


Los análisis especiales permiten modificar los perfiles de los clientes, con la consiguiente variación en la segmentación de los mismos. Esta nueva información obtenida mediante los análisis especiales enriquecerá la BASE DE DATOS DE LOS CLIENTES, y generará nuevas posiciones de control en las aplicaciones departamentales.

Las aplicaciones de negocio y cumplimiento, podrán conectarse con aquellas bases de datos internas y externas que les fueran necesarias para su trabajo de análisis, filtrando de forma periódica el contenido de la BASE DE DATOS DE CLIENTES a través de sus criterios de riesgo específico, lo que irá perfeccionando la segmentación los clientes de cara al control automatizado de los mismos.

Todo el control de riesgos constituye un mecanismo complejo,  en el que se interrelacionan de forma operativa las diferentes aplicaciones especializadas que funcionan en la empresa, conectadas todas al SIEM o “BIG DATA” de la organización  que controla el departamento de seguridad informática.

A través del SIEM se permite la agregación, consolidación y monitorización de los datos, así como su correlación para poder crear inteligencia artificial cruzando atributos comunes o mediante la minería de datos.  Con este sistema resulta posible generar alertas, y redirigirlas hacia las aplicaciones de gestión o cumplimiento.

Estas alertas  llegan de forma inmediata a los departamentos destinatarios de las mismas, en donde se procede a su análisis y a la resolución de los problemas que originen.

Será el propio SIEM o “BIG DATA”, el que ofrezca las herramientas para crear tablas informativas o para definir patrones que sirvan para perfeccionar los análisis futuros o para  elaborar informes.

En esta plataforma funciona la BASE DE DATOS DE CLIENTES y el ARCHIVO GENERAL DE LA EMPRESA, y es la que controla el uso de todas las aplicaciones, la que autoriza el acceso a las mismas y la que guarda los  “log” o registros históricos de acceso a todo el sistema.

Hemos visto la importancia que tiene la tecnología para poder controlar de forma eficiente y automatizada  el funcionamiento de empresas complejas con un gran número de clientes con perfiles de riesgos diversos, o con productos, servicios y operaciones que requieren un permanente seguimiento.

Pero la tecnología resultará insuficiente si no está manejada por especialistas que conozcan  bien su trabajo, y por tanto sean capaces de utilizar las máquinas de forma eficiente, alimentarlas con información estructurada, efectuar interrelaciones operativas, diseñar los procesos de control, y solucionar los problemas de alerta que vayan surgiendo.


Fabián Zambrano Viedma

Responsable del Servicio de Prevención del Fraude





miércoles, 26 de junio de 2013

LA PREVENCIÓN DE LOS FRAUDES COMETIDOS CON LA PROPIA IDENTIDAD



Trabajar sobre los fraudes que cometen los clientes con la propia identidad, exige de la empresa  haber asegurado  previamente un buen control de los fraudes de identidad, mediante la identificación correcta de todos sus clientes.

La identificación correcta de los clientes requiere de un protocolo, que deberá ser cumplimentado por todos los empleados de la empresa, durante el  establecimiento de las relaciones de negocio.

En este protocolo se establecerá el proceso de identificación formal de los clientes, y será  definido previamente por  el Órgano de Control Interno y Cumplimiento (OCIC), siguiendo los criterios de la Ley 10/2010, de prevención del blanqueo de capitales y de la financiación del terrorismo, y su nuevo Reglamento.

La identificación formal constituye el primer filtro  que resulta eficaz para la prevención del fraude externo. Se completará con la identificación de los titulares reales, en los casos en que ésta sea necesaria, ya sea por razones de negocio, o por exigencias de cumplimiento legal o administrativo.

El segundo filtro para la prevención del fraude externo es el análisis de la solvencia, para evitar los fraudes que cometen los clientes utilizando sus  identidades verdaderas.

Ambos filtros (Identificación y análisis de la solvencia), resultan fundamentales para el  funcionamiento del negocio, y para determinadas obligaciones de cumplimiento, pero también para la prevención del fraude externo, que es el tema que ahora nos ocupa.





LA PREVENCIÓN DEL FRAUDE DE SOLVENCIA

Muchos de los fraudes que cometen los clientes con su propia identidad, tienen su origen en problemas de solvencia, aunque no pueden ignorarse los casos fraudulentos, en los que los clientes intentan justificar su no participación en los hechos mediante una supuesta usurpación de su identidad.

Si el fraude de identidad se controla mediante la identificación formal de los clientes y la identificación de los titulares reales en los casos necesarios, el fraude de solvencia, como iremos viendo en los siguientes capítulos, se controlará mediante las dos restantes medidas de diligencia debida:
  • El conocimiento de los clientes
  • El seguimiento continuo de las relaciones de negocio


Estas dos medidas también servirán a las empresas para  su actividad de negocio, y para cumplir con determinadas obligaciones legales y administrativas, aunque serán analizadas por nosotros,  desde la perspectiva de la prevención del fraude que comenten los clientes con su propia identidad.


EL DEPARTAMENTO COMERCIAL Y LA PREVENCIÓN DEL FRAUDE

La prevención del fraude externo ha de iniciarse por las empresas durante la solicitud de la relación de negocio u operación, y no durante la firma del contrato o ejecución efectiva de las operaciones. Este es un cambio estratégico que deben asumir las empresas financieras  superando para ello los lógicos inconvenientes comerciales, lo que no debe ser problemático porque en el acto de la solicitud de negocios, la empresa ha de hacer frente también a determinadas obligaciones de cumplimiento, como veremos seguidamente.

En la prevención del fraude externo, el primer departamento que interviene es el COMERCIAL, puesto que es el que actúa directamente con las personas físicas y jurídicas que solicitan el establecimiento de las relaciones de negocio u operaciones con la empresa.

El Departamento Comercial es el que ha de controlar la correcta identificación formal de los clientes, y analizar si  los datos y documentos de solvencia que éstos presentan, se corresponden con los definidos por la empresa para los negocios u operaciones  que los clientes pretenden entablar.

Puede decirse, que el conocimiento de los clientes se inicia a través de los comerciales que los atienden, quienes deberán guardar en sus expedientes comerciales, físicos o virtuales, aquellas informaciones de interés que no tengan que pasar obligatoriamente a la base de datos de clientes, como por ejemplo, personas que participaron de forma indirecta en el establecimiento de las relaciones de negocio, teléfonos de contacto que utilizaron, notas de los propios comerciales, vehículos, domicilios, tarjetas de visita, etc.

Esta es una información circunstancial que no debe quedar sistematizada ni integrada en ninguna base de datos, sino que formará parte de los expedientes comerciales, en la forma y con la seguridad que indiquen los responsables de protección de datos de carácter personal, y que sólo se usará por los comerciales cuando tengan que colaborar en  el esclarecimiento  de algún hecho investigado. Se destruirá cuando acaben las relaciones de negocio, junto con los expedientes comerciales.

Cada comercial identificará  correctamente a los clientes, comprobará  que los documentos de solvencia que éstos le entregan se corresponden con las identidades de los solicitantes, que los datos de localización y comunicación que aparecen en los documentos son coherentes con los que están impresos en los documentos identificativos, así como las firmas que aparecen  en los documentos de solvencia. Los comerciales se responsabilizarán de sus clientes hasta la terminación de la relación de negocio

Actualmente, determinados “bonus” o incentivos comerciales están subordinados al cumplimiento efectivo de las expectativas de negocio, por lo que serán los propios comerciales los más interesados en que las expectativas se cumplan. Por ello,  colaborarán de forma proactiva con los departamentos de investigación siempre que sea necesario, y especialmente en los temas que tienen que ver con la prevención del fraude, utilizando el conocimiento que tienen de los clientes y la información circunstancial acumulada en sus expedientes comerciales.


EL DEPARTAMENTO DE ANÁLISIS DE RIESGOS FINANCIEROS Y LA  PREVENCIÓN DEL FRAUDE

El primer departamento de análisis e investigación que actúa  en el establecimiento de las relaciones de negocio, es el DEPARTAMENTO DE PREVENCIÓN DE RIESGOS FINANCIEROS, que  contará, cuando sea preciso,  con la colaboración del departamento de prevención del fraude.

Este Departamento es el que aplica los filtros tecnológicos para la prevención de los fraudes de identidad y de solvencia, en el momento en que le llegan los datos y documentos de los clientes desde el departamento comercial.

Esto resulta posible porque todas las aplicaciones departamentales forman parte de sistema tecnológico de la empresa, y éste  trabaja de forma coordinada, por lo que en el momento en que se introducen los datos en la aplicación comercial, están pasando a la aplicación de análisis de riesgos, en donde se les aplican los filtros operativos y de cumplimiento que son necesarios para el establecimiento de las relaciones de negocio, teniendo en cuenta los intereses de las empresas y sus obligaciones de cumplimiento.

El Departamento de Análisis de Riesgos Financieros tiene los siguientes objetivos propios, durante el establecimiento de las relaciones de negocio:
  • Prevenir  los  riesgos financieros
  • Asegurar el  préstamo responsable
  • Alertar sobre  el fraude de identidad y solvencia


En cualquier empresa, resulta claro que los primeros riesgos financieros tienen que ver con la identificación de los clientes y con la evaluación de su solvencia, por lo que tiene coherencia que sea este departamento el que tenga la responsabilidad de pasar  los filtros contra el fraude de identidad y contra el fraude de solvencia, dentro de su trabajo de prevención de riesgos financieros. Si lo hiciera el departamento comercial se duplicarían los procesos.

Pero este departamento debe atender también a los riesgos reputacionales  que se derivan del sobreendeudamiento de las personas físicas, lo que constituye un problema añadido en los últimos años que resulta muy importante en la coyuntura económica actual, para lo que ha de cumplir con determinadas medidas de control implantadas por la Administración con el fin de asegurar el préstamo responsable.

Estas medidas están explicitadas  en la  Orden EHA/2899/2011, de 28 de octubre, de transparencia y protección del cliente de servicios bancarios y en la Circular 5/2012, del Banco de España, sobre transparencia de los servicios bancarios y la responsabilidad en la concesión de préstamos, normas éstas que tienen su fundamento en la Ley 2/2011, de 4 de marzo, de Economía Sostenible, y en la Ley 16/2011, de  24 de junio, de contratos de crédito al consumo.

Otras medidas legales que también tienen como finalidad proteger a las personas físicas en situación de sobreendeudamiento, son la Ley 1/2013 de protección a los deudores hipotecarios, y el Anteproyecto de Ley de Apoyo a los Emprendedores, que, entre otras medidas, propone la reforma de la Ley Concursal, para ofrecer a la persona natural “una segunda oportunidad”.

El aseguramiento del préstamo responsable,  obliga a las entidades financieras a establecer un nuevo sistema de evaluación de la solvencia de sus clientes, que permita valorar mucho mejor el riesgo de impago a efectos de la posible concesión de los préstamos.

Este segundo objetivo complementa el trabajo tradicional de los departamentos de análisis de riesgos financieros, puesto que ahora han de asegurar  que los préstamos sean responsables. No les basta con prevenir el riesgo tradicional de crédito, o  pérdida potencial en que pueden  incurrir las empresas si  la contraparte no efectúa oportunamente  un pago o incumple con sus obligaciones contractuales.

Y finalmente, al iniciar  este departamento el proceso de análisis, posibilita las alertas tempranas  sobre posibles fraudes de identidad y solvencia, poniendo  en funcionamiento las aplicaciones de control de otros departamentos interesados, como el departamento de prevención del fraude y el departamento de prevención del blanqueo de capitales.

La colaboración de este departamento, con el de prevención del fraude resulta obligada, porque en la actualidad el departamento de riesgos financieros debe concentrarse fundamentalmente en la prevención de los riesgos financieros y en la prevención del sobreendeudamiento, que son la cara y cruz de una misma moneda, y no puede perder tiempo en la investigación de las alertas sobre posibles fraudes de identidad y de solvencia, de cuya investigación se encargará el departamento de prevención del fraude.


METODOLOGÍA DE TRABAJO

Para la valoración de los riesgos financieros, se han de analizar, simultáneamente, diversas variables, como el tamaño de los créditos, su  vencimiento, la calidad crediticia de las contrapartes, las garantías y los avales, para lo que se utilizan  diversas aplicaciones informáticas que permiten la puntuación de los clientes (también llamadas scoring). Estas soluciones tecnológicas facilitan además,  el acceso automatizado a:
  1. Bases de datos internas y externas.
  2. Ficheros de solvencia positivos y negativos.
  3. Ficheros internos y externos para la prevención del fraude. Generalmente los externos están montados sobre plataformas tecnológicas que permiten compartir información entre entidades para hacer frente al fraude en solicitudes.
  4. Información elaborada por las unidades técnicas para el tratamiento y análisis de la información


Las aplicaciones informáticas con las que se efectúa el análisis de riesgos financieros generan alertas, cuando los datos filtrados tienen referencias o similitudes con otros existentes en las bases de datos que se estén consultando.

Cuando se genera una alerta, el expediente sale del proceso automatizado y entra en un proceso manual que estará a cargo de los analistas de riesgos, quienes procederán a aclarar la naturaleza del riesgo detectado.
Todas las plataformas tecnológicas departamentales están montadas sobre una estructura tecnológica SIEM (“Segurity information and event management), que en empresas que manejan mucha información suele quedar pequeña, y por ello se están generalizando las nuevas herramientas SIEM conocidas como “BIG DATA”.

El SIEM constituye, por tanto, el núcleo tecnológico sobre el que funcionan las aplicaciones departamentales,  y está controlado por el Departamento de Seguridad Informática.



Centrándonos en el trabajo del departamento de riesgos financieros,  su aplicación o solución específica le permitirá consultar bases de datos, filtrando contra las mismas  la información que le llega a través del SIEM, según diversos factores de riesgo,  que previamente habrán tenido que ser definidos en la aplicación general por los analistas operativos y de cumplimiento.

Los analistas de riesgos financieros habrá definido los:
  • Factores de Riesgo financiero
  • Factores de Riesgo de cumplimiento en relación con el préstamo responsable
  • Factores de Riesgo de Fraude


Otros analistas habrán definido los factores de riesgo de prevención del blanqueo, prevención del fraude, riesgos FATCA, etc.

El objetivo de este filtraje automático de información es generar alertas cuando se incumplen determinadas reglas previamente definidas,  y que estarán en relación con los factores de riesgo introducidos.

La misión de los analistas de riesgos financieros será la de confirmar las alertas que se produzcan en su materia o dejarlas sin efecto. Cuando hay una alerta, el expediente sale del procedimiento automatizado y pasa a ser resuelto de forma manual.

Este mismo proceso se irá produciendo en las distintas aplicaciones operativas y de cumplimiento, donde los analistas obrarán de la misma manera.

Cuando en un primer análisis manual se confirmaran los indicios de fraude, el expediente se remitiría al departamento de prevención del fraude para su análisis especial. De esta manera,  el departamento de análisis de riesgos quedaría liberado de una actividad de investigación costosa, y se concentraría  sólo en las actividades de negocio y en las reputacionales, que son:
  •  el análisis de los riesgos financieros, y
  •  el análisis del sobreendeudamiento



Las empresas que están sensibilizadas sobre el fraude,  reconocen que por razones de seguridad y supervivencia, no pueden dejar de analizar los expedientes alertados, con el fin de obtener del análisis  cualquier dato  que tenga interés operativo. Para ello utilizan los departamentos de prevención del fraude, si los tienen, o contratan este servicio de forma externa.

En las empresas financieras con un volumen importante de actividad, se justifica la existencia de un Departamento de Prevención del Fraude, porque puede complementar el trabajo de investigación de diferentes departamentos, entre los que estaría el de análisis de riesgos financieros. Esta complementariedad resulta imprescindible en la  actualidad,  por el incremento de trabajo que supone para el departamento de análisis de riesgos financieros, el cumplimiento de las obligaciones derivadas del préstamo responsable.


EL DEPARTAMENTO DE RECUPERACIONES Y LA INVESTIGACIÓN DEL FRAUDE

Cuando el fraude  no se detecta en los departamentos que ejercen el control operacional o de cumplimiento, pasa a formar parte de la morosidad,  y deberá ser  aflorado por el DEPARTAMENTO DE RECUPERACIONES.

La recuperación de deudas suele iniciarse, cuando la contraparte deja de efectuar sus pagos o incumple sus obligaciones contractuales, originando con ello una pérdida para la empresa.

Se originan entonces  los expedientes de morosidad, que pasan a ser gestionados por el DEPARTAMENTO DE RECUPERACIONES, que en las empresas financieras puede tener diferentes denominaciones. Estos expedientes, para la recuperación efectiva de las deudas, han de ser tratados con técnicas que forman parte de una disciplina específica.

Las técnicas contra la morosidad,  no pueden aplicarse a los estafadores porque no se obtendrían resultados positivos, por lo que, previamente, habrá que tratar los expedientes de morosidad con  técnicas de investigación del fraude, con el fin de segmentarlos en dos grupos:
  • Expedientes de clientes morosos
  • Expedientes de clientes defraudadores


Para ello, se filtrarán nuevamente los datos a través de las aplicaciones que posea la empresa para la prevención del fraude (fraude de identidad y fraude de solvencia), para lo que resulta necesaria una perfecta coordinación entre el  departamento de recuperaciones y el de prevención del fraude, para evitar así duplicidades en los recursos de investigación.

A este fin, se habilitará un mecanismo interno que permita al Departamento de Recuperaciones filtrar los datos de los expedientes de morosidad de forma similar a como se hace en el inicio de las relaciones de negocio. Esto permitirá ir discriminando  los expedientes en dos grupos: morosidad y fraude.

Los expedientes con alertas de fraude, serán remitidos al departamento de Prevención del Fraude para su análisis, quedando así liberando el departamento de recuperaciones de un trabajo puntual y de dudosa rentabilidad económica, pero imprescindible para que la empresa pueda defenderse de los morosos profesionales (morosos deliberados), que utilizan técnicas fraudulentas capaces de producir  engaño bastante a las entidades financieras, y como consecuencia, graves perjuicios económicos.

En la morosidad existen bolsas de fraude oculto que deben ser identificadas por el departamento de recuperaciones,  y extraídas de la cartera de morosidad para evitar que distorsionen  el proceso de gestión de recobro, que realizará  la propia empresa financiera, o bien alguna de las entidades de gestión de cobro a las que se encargue este servicio,  o a las que  se venda toda o parte de la cartera de deuda. Resulta mucho más rentable externalizar el recobro que asumirlo internamente, si este departamento no cuenta con los profesionales y medios adecuados,  y  queda como un apéndice poco valorado dentro de la empresa.

La información obtenida del análisis de los expedientes de fraude encontrados dentro de la morosidad, resultará muy valiosa para la prevención del fraude de las entidades afectadas.

Como existe una tendencia cada vez mayor a externalizar la gestión de recobro, resulta imprescindible  que exista una buena comunicación entre los departamentos de prevención del fraude de las entidades financieras y las entidades de gestión de cobro.  Habría que integrar mucho mejor dentro de las empresas,  los datos de fraude encontrados externamente durante los procesos de análisis de las carteras recibidas para la gestión de cobro, o de las carteras compradas. Esta información constituye un nuevo servicio a negociar entre las partes.

En cualquiera de los casos, recobro interno o externalizado, se habrán de diferenciar perfectamente los trabajos de recobro y los de investigación del fraude.

Los departamentos de recuperaciones internos o externos, una vez liberados de la bolsa de fraude existente en las carteras de morosidad, podrán dedicarse por entero a los procesos de recuperación, mediante las diversas estrategias existentes para la segmentación de carteras con el fin de lograr una mejor rentabilización de las mismas, aplicando para ello las técnicas de gestión amistosa o judicial de las deudas.

También resulta necesario  que las entidades financieras y las entidades de gestión de cobros diferencien perfectamente la reactividad que deben aplicar  al fraude y la morosidad.

En los supuestos de fraude, tanto la investigación como la judicialización de los hechos habrán de planificarse bajo criterios penales, y en los supuestos de morosidad, bajo criterios civiles,  utilizando para ello los diferentes procedimientos actualmente abiertos en nuestro estado de derecho, a saber: monitorios, cambiarios, declarativos o ejecutivos.


Fabián Zambrano Viedma

Responsable del Servicio de Prevención del Fraude